Mostrando entradas con la etiqueta Entrevistas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Entrevistas. Mostrar todas las entradas

sábado, 31 de octubre de 2009

Entrevista - El paddle contraataca

En una sociedad argentina caracterizada por un comportamiento fluctuante en cuanto a sus intereses deportivos, el pádel, que hizo furor en los ’90 y luego pasó al olvido, pretende hoy dejar de lado los atuendos empolvados para volver a vestir su fino traje de popularidad. Sapos de otro pozo diálogo sobre el tema con el jugador Hernán “el Tano” Sangiuliano.

Por Federico Adalián


El pádel (o paddle, según su versión en inglés) tuvo su innegable apogeo en la década pasada, cuando hubo casi tantos jugadores como rodillas lesionadas por las exigencias propias de una especialidad que había crecido a lo largo de todo el país. Sin embargo, con el tiempo, ese primer impulso desmedido fue desgastándose como las paletas de sus miles de aficionados, que se fueron diseminando en otras actividades de mayor difusión. Pero como pasa con todas las modas, hoy el pádel parece tener su segunda oportunidad.

Para Hernán “el Tano” Sangiuliano, un joven jugador federado y verdadero amante de este deporte, en la actualidad “la paleta le está ganando a la raqueta”. Sucede que muchos de los aficionados que se volcaron al tenis en los últimos años, gracias a la popularidad de figuras como David Nalbandian o Juan Martín del Potro, se vieron obligados a dejar de practicarlo por su alta exigencia y entonces probaron con el pádel. El Tano -que juega en el club El Galpón, de San Telmo- destaca que se trata de una actividad donde “lo que más importa son la técnica y las ganas”, y que eso permitió que “en los últimos cuatro años su popularidad haya aumentado y se vean personas de todas las edades”.

También se trata de un deporte que no discrimina, porque pueden practicarlo desde niños y jóvenes hasta adultos y ancianos. Además, como explica el Tano, por ser “más estático que el tenis y como la técnica cuenta por sobre la movilidad”, para jugarlo no es imprescindible cuidar tanto el físico y la alimentación, si bien es aconsejable para mejorar el rendimiento. En resumen, estas son las claves de la moda reciclada del pádel: cualquiera lo puede jugar y hacerlo es relativamente económico.

Para ponerlo en un contexto mundial, en España se trata de una práctica casi tan conocida como el fútbol, con torneos profesionales que reparten mucho dinero y fama entre los competidores, y donde muchos de los mejores son justamente argentinos. Guiados por el impulso español, las paletas se está expandiendo por diferentes países europeos, como Francia, Italia, Gran Bretaña y Austria, donde ya se han conformado federaciones que están alcanzando un gran nivel de desarrollo.

En la Argentina, por el momento, las empresas no consideran al pádel como un fenómeno popular, además de que no existen políticas públicas que lo incentiven. A pesar de esto, nadie le puede quitar la felicidad al Tano. “Lo veo bien y creo que va a seguir creciendo”, augura el jugador, mientras sueña con que el deporte que fue marca registrada en los '90 vuelva a brillar en el siglo XXI.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Entrevista - De tal Coca tal Coquita

De su madre heredó la voluptuosidad, además de esa curiosa forma de lucir imponente sin perder el brillo de la ingenuidad. Pronto la veremos en la película Mis días con Gloria, de Juan José Jusid. Pasen y conozcan a una joven actriz que sin duda comenzará a pisar fuerte en el terreno artístico.

Por Laura Culot

Cuando decidí entrevistar a Isabel “Coquita” Sarli, no sabía demasiado de su vida, más allá de que era la hija de quien inmortalizó la frase “¿Qué quiere usted de mí?”, desnuda dentro de un camión frigorífico. La mayoría de los hombres argentinos no necesita forzar la memoria para soltar el nombre Carne. Está presente, latente en la conciencia inmediata.

Contacté a Isabelita por teléfono, con la esperanza de poder vernos. Falló el intento. Estaba demasiado ocupada con los toques finales de Mis días con Gloria, su debut cinematográfico de la mano del director Juan José Jusid. Una película que está a punto de estrenarse. Una película difícil, según ella, teniendo en cuenta que realiza su primer desnudo, las mismas escenas de sexo que 50 años atrás inmortalizó su madre y que ahora, ella, su hija, interpreta con Luis Luque.

Sin embargo, Coquita quedó encantada con la propuesta. Los miedos iniciales desaparecieron cuando comprobó que Luque, detrás de esa cara dura, no pasaba un día sin preocuparse por cómo ella se sentía y que todo el equipo técnico se encargó de crear un ambiente cómodo y con la mayor reserva posible para estas escenas. Algo de lo que su madre no pudo disfrutar en sus tiempos de gloria.

El encuentro fallido fue compensado con una charla telefónica. Coquita me propuso que la llamara a su casa después de las 21. A esa hora me atendió una señora mayor: “¿Quién habla? Sí, soy la mamá. ¿Podes llamarla dentro de diez minutos querida, por favor?”. “Sí, cómo no”. Fue lo único que atiné a decir. “Soy la mamá, soy la mamá, soy la mamá” Me pesaba esa frase: ¡era la Coca Sarli! Empecé a reemplazar imágenes. Lo primero que hizo mi mente fue vestirla y, al fondo del camión frigorífico, le cayó encima la escenografía de un living. Me desconcertó algo tan simple en ella como la vida cotidiana.

Volví a llamar y esta vez contestó Coquita. Su voz no aparenta los 27 años que lleva y su físico, por las fotos que vi, tampoco. Si bien Isabel no es su madre biológica, el parecido (también en su personalidad, como voy a corroborar más adelante) desafía todas las leyes de la genética. No me pareció algo descabellado. Recordé que de chica yo tenía un rosal de flores bien rojas y mi hermana uno de flores blancas. Estaban plantados uno al lado del otro, pero cuando florecieron, el rojo tuvo flores mucho más grandes y el blanco, no era blanco. Estaba veteado de rosa, amarillo y rojo. Alguien me explicó que “se habían enamorado” y que cada una tomó lo más lindo de la otra para sí.

Hablamos de la película. Para ella había sido “una experiencia bárbara”, tanto que si tuviera que elegir a un actor con quien volver a trabajar, no lo duda: con Luque. “Tenemos la misma complicidad de chistes, nos miramos y ya nos empezamos a matar de la risa”, explicó. Quise saber si apuntaba a convertirse en un icono sexual como lo fue su madre, pero a Coquita le interesa sobre todo “lo cómico, un estilo similar al de Florencia Peña”. Aunque todavía no tiene propuestas para TV, ella anhela que el “boom del estreno” desencadene “una movida mediática”. Por el momento, tiene proyectos de cine (que no puede divulgar).

Tras dos meses y quince días de filmación en San Luis –la película se rodó en esa provincia–, pensé que estaría esperando el estreno como un corredor aguarda la señal de largada. Muy suelta, dijo que su vida está desordenada, pero que no se desespera por tenerla bajo control nuevamente. Está disfrutando la incertidumbre de lo nuevo. Venía de trabajar cuatro años como secretaria del intendente de Vicente López, Enrique García, y el cine le torció el camino. Mientras tanto, sigue con su vida normal. En asuntos del corazón, no está de novia, pero se está “conociendo” con un vecino.

Antes de decidirse por la pantalla grande, Coquita había querido ser abogada o psicóloga: “Nunca empecé porque tengo el carácter medio como mi vieja, ¿viste? Como que agarro del cuello a cualquiera cuando me enojo. Entonces mi vieja me decía: no, abogada no porque si tenés que defender a alguien, vas a matar hasta el juez. Y psicóloga, bueno, yo estoy más loca que la gente a la que pueda atender, así que tampoco. Ahora estoy disfrutando de esto nuevo, del cine, que es más lo mío”.

Ella, principiante en el tema de la actuación, y yo, principiante en esto de escribir. Seguramente nos volveremos a encontrar después del estreno: ella, con más certezas sobre su vida y encaminada en su carrera. Y yo, bueno, yo no soy la entrevistada.

lunes, 19 de octubre de 2009

Entrevista - La Tigresa Acuña, en un nuevo ring

En las elecciones del 28 de junio pasado, Marcela “Tigresa” Acuña fue candidata a concejal por el Frente para la Victoria en el partido de Tres de Febrero. Esta entrevista fue realizada semanas antes de los comicios, donde la carismática boxeadora casi consigue ingresar a la arena política.

Por Gabriela Telesca


Siempre lo dije: cuando colgara los guantes iba a dedicarme a la política”, se atajó la experimentada boxeadora, antes de que una pregunta inoportuna arruinara su sonrisa. Así, a poco de arrancar la charla, la “Tigresa” Marcela Acuña dejó en claro que tiene sus metas bien definidas. Tanto que su interés por la política no la dejó dormir desde mediados de 2007, cuando la bicampeona mundial tuvo una extensa entrevista con Néstor Kirchner, quien le pidió que aprovechara su imagen pública para recorrer el país e incentivar el deporte. “Para que los más chicos se alejen de las drogas”, explica la Tigresa, que ya venía dando charlas en las cárceles para el Día de la Mujer y que tras hablar con Kirchner se sumó a los talleres del Ministerio de Justicia.

Ahora, ya en campaña, Acuña va por más: “Quiero hacer carrera en política. Aún soy joven para ese trabajo, no así para el deporte”. La boxeadora formoseña no cree que la candidatura pueda influir negativamente en su imagen. “Cuando una se involucra en política, no piensa que le va a ir mal. Igual, Kirchner va a ganar y, por consiguiente, todos nosotros”, dispara.

No sería la última vez que durante la entrevista Marcela reaccione como si estuviera en medio del ring, lanzando un cross de izquierda. En parte, le molesta que la puedan definir como una “paracaidista” en la política. La candidata a concejal recordó la estrecha relación que hace cinco años mantiene con el intendente de Tres de Febrero, Hugo Curto. Fue el mismo caudillo del PJ quien la llamó un día antes del cierre de lista, pero no para preguntarle si quería postularse, sino para comunicarle que su candidatura ya era un hecho. Hoy, Acuña vive en una cálida y confortable casa del barrio de Caseros, adornada de cuadros, retratos y premios, y con una modesta piscina en el fondo. Ese sueño, el de la casa propia, se lo debe al jefe comunal: “Curto me abrió las puertas del partido de Tres de febrero, y me ayudó a comprar la casa”, aseguró.

Para la única campeona que tiene el boxeo femenino en la Argentina, la militancia justicialista es una cuestión de herencia: “Vengo de una familia de políticos –explica–. Mi abuelo fue presidente del PJ en Formosa por diez años, mis padres militaron toda su vida y Ramón (Chaparro, su esposo) fue Secretario General de una unidad básica en Formosa. Así que la política siempre me tocó”.

Como todo en la vida de la boxeadora, lo partidario se da en simultáneo con sus otras facetas. En su día a día conviven sus hijos, Maxi y Josué, su marido y también su eterno manager, Osvaldo Rivero, ya por completo integrado a la familia.

No hay distancias entre la Tigresa de “entre casa” de la que acostumbramos ver arriba del ring. Son varias “Tigresas” en una: madre, esposa y boxeadora. Y ahora se podría sumar la versión política, aún desconocida, pero imaginable en ciertas cuestiones, porque más allá del rol que cumpla, Acuña siempre mantiene su transparencia y autenticidad.

Como en el ring, la supergallo se mostró sin medias tintas: “Cristina me encanta, dice que sigamos los ideales. Siempre fui contra de la corriente, porque si le hubiera hecho caso a la sociedad no hubiera llegado a ser nada de lo que soy”. Y también le respondió a quienes critican a Kirchner por ungir a deportistas y actores: “Se quejan cuando los políticos son siempre los mismos pero tampoco te dejan entrar. Muchos creían que llegué a la lista por ser boxeadora, pero nunca difundieron los trabajos que yo venía haciendo. No me importa, siempre trabajé para la gente, no para los medios”.

Hoy, con la misma cantidad de años que triunfos (32), la Tigresa vuelve a mostrar que no tiene planeado dejar de rugir. Resta saber cómo enfrentará esta nueva etapa de su carrera. Pero Acuña es ambiciosa, orgullosa y segura de su garra. Por ahora, confiando en sí misma, no le fue nada mal.