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domingo, 1 de noviembre de 2009

Ojos saltones - La Tierra, con diagnóstico reservado

Cada vez son más las películas que narran el Apocalipsis. Pero no se trata de los clásicos géneros de la ciencia ficción futurista o el cine catástrofe, en donde uno sabe que detrás del espectáculo no hay más que una recreación que apunta a entretener. Hoy la destrucción de la Tierra es una posibilidad tangible de la que se ocupe el género de lo real, el documental, a través de relatos con información certera e ineludible.

Por Jesica Marchetti


En septiembre pasado, una noticia nos llamó la atención, especialmente porque parecía escondida en medio de la habitual avalancha de malas nuevas. Los diarios informaban que el agujero de Ozono se estaría reduciendo.

Quizás por romper con la rutina o en un intento de dejar de abrumar a los lectores con informaciones perturbadoras, la nota sugería que la capa protectora ha dejado de deteriorarse y recuperará su estado normal hacia el año 2075. Por lo visto, muy lentamente, algunas medidas implantadas en el Protocolo de Montreal, en 1987, están teniendo sus efectos. La cuestión es, precisamente, no dormirse y permanecer en estado de alerta. Eso es lo que proponen las películas que en los últimos años se han ocupado de explicar el impacto del calentamiento global.

Una de ellas es Home, un film documental que muestra cómo en diversas partes del globo se abusa de los recursos naturales de las formas más extremas. Para los más escépticos, en este caso no pretende lucrar con un relato del fin del mundo como si de una película de terror se tratase, sino todo lo contrario: la obra dirigida por el francés Yann Arthus-Bertrand está disponible en YouTube para que cualquiera pueda verla gratuitamente en Internet.

Con calidad HD (High Definition) y tomas impresionantes sobre las maravillas de nuestro planeta para el deleite de los más exigentes, el film grafica cómo cada persona termina por ser cómplice de la débil salud de la Tierra. Invernaderos en pleno desierto del Sahara para prolongar las cosechas; gallinas alimentadas constantemente gracias a la luz artificial en México; montañas enteradas dinamitadas en la Argentina para buscar un gramo de oro; grandes polos agrícolas en Estados Unidos donde el ganado nace, crece y muere en el mismo lugar sin siquiera haber conocido el gusto del pasto. Todo para que se desperdicien por año 10 millones de toneladas de alimento, se contaminen ríos y mares y se lancen al aire componentes químicos que terminan por degradar la única protección que tenemos ante los rayos ultravioletas del Sol.

Una verdad incómoda. No es solo una realidad, sino que fue el titulo que eligió el ex vicepresidente norteamericano, Al Gore, para la recopilación de sus conferencias a lo largo del mundo en formato de película. Luego de perder las polémicas elecciones en el año 2000 contra Geoge W. Bush, el ex vicepresidente de Estados Unidos decidió terminar con las especulaciones sobre el calentamiento global para dar sólo precisiones: el tiempo se acaba y hay grandes empresarios con intensiones de contaminar hasta la última gota de los océanos con tal de obtener ganancias.

Dirigida por Davis Guggenheim, An inconvenient truth (tal es el título original del film) ilustra los daños fisiológicos sufridos por el planeta durante las últimas décadas. Las perspectivas son estremecedoras. En esta misma línea se ubica una producción financiada por el actor Leonardo Di Caprio titulada La última hora, que describe las consecuencias del cambio climático afecta en la actualidad y proyecta los peligros a futuro.

La conclusión en los tres casos es la misma: es cuestión de que cada uno, desde su pequeño lugar, ponga su granito de arena para que la historia siga adelante.

Con respecto a la capa de gas, si bien es cierto que el ancho del orificio ha disminuido en comparación al año 2008 -cuando alcanzó su máxima extensión de 27 millones de kilómetros cuadrados sobre la Antártida- esto no quiere decir que el problema haya desaparecido. Se trata de un fenómeno natural: todos los años, con la llegada de los primeros calores al hemisferio sur, la perforación se cierra completamente para volverse a abrir en la época invernal.

Es por eso que si bien los especialistas de la Agencia Estatal de Meteorología anunciaron que la capa de ozono estará recuperada entre los años 2050 y 2075, eso no implica que la densidad sea óptima, por lo que los rayos ultravioletas podrían atravesar la capa de igual forma o aún peor: podría abrirse otro agujero cómo ocurrió hace unos años en África. Las recomendaciones también apuntan a una misma sugerencia: de ahora en más, nuestro mejor amigo será el protector solar.

Home (2009)
Dirección: Yann Arthus-Bertrand



La verdad incómoda (An Inconvenient Truth, 2006)
Dirección: Davis Guggenheim


La última hora (The 11th tour, 2006)
Dirección: Nadia Conners, Leila Conners Petersen

viernes, 16 de octubre de 2009

Ojos saltones - La real vida de "las Junos"

La película Juno, la historia de una adolescente que queda embarazada a los 16 años, muestra una realidad que todos suelen ver, pero prefieren ignorar. El director Jason Reitman, con un guión de la prestigiosa Diablo Cody, llevó esta problemática a la pantalla grande para mostrar cómo afecta a la pequeña burguesía de Estados Unidos. Nosotros pensamos el tema desde nuestro lugar.

Por Jesica Marchetti


A simple vista, La joven vida de Juno (Juno, 2007) resultaba una propuesta tentadora para cualquier espectador, aunque más bien convencional: una joven bonita, inteligente, algo sarcástica, con un futuro por delante y el obstáculo de estar embarazada. Quien se luce en el papel central es la estupenda Ellen Page, nominada al Oscar por este trabajo. Lo original radica en que el film rompe con un clásico tabú de la sociedad norteamericana (y de varios países del mundo, por supuesto): la (falsa) concepción de que estas situaciones -supuestamente- sólo se viven entre los más humildes.

En un principio ciertas situaciones la película resultan poco creíbles, al transcurrir demasiado plácidamente: Juno tiene relaciones con su mejor amigo Bleeker por mero aburrimiento, queda en cinta y decide rápidamente abortarlo, como si de un trámite se tratare. Esto se debe a la existencia del régimen legal que la acompaña y a una institución llamada “Mujeres Ahora”, que lleva a cabo la intervención en condiciones dignas.

Sin embargo, en el momento de la verdad, Juno decide que no es lo mejor que puede hacer: una compañera de curso antiabortista le advierte que “el bebé tiene uñas” y podría lastimarla. Entonces, ¿por qué no? La joven entonces termina cerrando un trato de adopción privada, donde todo ocurre de forma casi instantánea y bella. De hecho, la familia adoptiva es rica y podrá cumplirle al pequeño todo capricho existente.

Quizás un mundo lleno de opciones permita este nivel de perfección, donde una chica cuya familia podría mantener al pequeño, decide que no está preparada psicológicamente para criarlo.

Acostumbrados a que en la Argentina resulte cada vez más común encontrar niñas-madre caminando por la calle, o en los pasillos de las escuelas y hospitales, no es noticia que esta condición traiga consecuencias como alteraciones psicofísicas, deserción escolar, el posible abandono familiar y la infaltable discusión sobre el aborto. Si bien la justicia prohíbe la interrupción del embarazo (salvo en contadas excepciones), es la clase media la que tiene mayor acceso a la información sobre cómo prevenirlo, y a su vez tiene la mayor cantidad de abortos registrados.

En nuestro país, la opción que toma Juno en una primera instancia no es viable legalmente, por lo que no hay otra salida que los abuelos se encarguen de la crianza de sus nietos en los estratos más altos, según indicó la encargada del sector de Embarazo Juvenil del Hospital Nacional Alejandro Posadas, María Teresa Belbusti.

Es que a pesar del imaginario común, los embarazos adolescentes no solamente ocurren en los sectores más pobres de la sociedad, a causa de desinformación, falta de educación y de acceso a los métodos anticonceptivos, sino que por el contrario en los últimos años, el índice de niñas-madre de la clase media y media alta ha aumentado considerablemente.

Las otras Juno

De este punto de vista, el film parece ser más una fantasía que un retrato de un problema que se expande en todos los rincones del mundo. Y es inevitable pensar qué sucedería con una muchacha como Juno en nuestro país, en sus mismas condiciones socioeconómicas.

Un estudio realizado por la Universidad Kennedy arrojó que en la Argentina nacen por año más de 110.000 bebés de chicas de entre 10 y 19 años, lo que las convierte en un 17 por ciento del total de nacimientos, cuando la media internacional se reduce al 5 por ciento.

Por otra parte, en una encuesta realizada por la misma casa de altos estudios a 300 chicas menores de 18 años de clase media en la que la muestra se dividió en tres secciones (100 de las 300 adolescentes estaban embarazadas, otras 100 ya eran madres, y las 100 restantes ya habían iniciado su vida sexual), el resultado arrojó que 45 de las encuestadas había pasado por un aborto, y aun así muchas volvieron a embarazarse.

Los médicos del área de embarazo juvenil del Hospital Posadas, observan este tipo de situaciones todos los días, dónde jóvenes que pasaron por una situación tan traumática como lo es un embarazo no deseado y que fue interrumpido vuelven a los 9 meses para tener efectivamente a su bebé. A su vez, el censo mostró que el 15 por ciento de las adolescentes de esa misma clase social, habían pasado por un aborto aún siendo este ilegal, y exponiéndose a todos los riesgos que eso conlleva.

Mientras Juno pudo dar a su hijo en adopción tranquilamente, para finalizar el filme tocando la guitarra con el padre del niño en plena primavera, si ella estuviera en estos pagos formaría parte de las miles de chicas que dividen sus vidas entre poder continuar con sus proyectos y tratar de criar a un pequeño. Niños que más de una vez por semana le dicen “mamá” a quienes son sus abuelas.

La joven vida de Juno
(Juno, USA, 2007)
Dirección: Jason Reitman.
Guión: Diablo Cody
Con Ellen Page Michael Cera, Jennifer Garner, Jason Bateman, Allison Janney.
Editado en dvd por Transeuropa

viernes, 9 de octubre de 2009

Ojos saltones - El cine ausculta la salud

Algunos datos y reflexiones John Q. (2002) y Sicko (2007), dos sólidas películas que revelan la hipocresía del sistema de salud de Estados Unidos.

Por Nadia Pinto


Dirigido por Nick Cassavetes, el film relata la vida de un obrero calificado, John Quency Archival (Denzel Washington) que creía ampliamente en un sistema norteamericano que pudiera ayudarlo de la crisis económica que estaba atravesando. Hasta que ocurre la tragedia: su hijo Michael se desvanece durante un partido de béisbol, pero cuando la familia llega al hospital, se enfrenta a todo un aparato burocrático dispuesto a obstaculizar la operación del muchacho. Michael padece una cardiopatía congénita por tener un corazón tres veces más grande de lo normal y la única alternativa era un trasplante de corazón. Pero como en toda lógica de libre mercado, la cirugía tiene su precio.

La Junta Directiva del hospital no se hace cargo del costo de la urgente operación. Sin seguro médico, John debe pagar 250 mil dólares para salvar a su hijo. Y como no llega a juntar el dinero en el plazo estipulado, a Michael le dan el alta a pesar de que su vida corre riesgo. La única salida de John Q. para revertir la situación es una rebelión desesperada: secuestra al cirujano y a cinco personas más para exigir una solución.

Aunque sea un personaje de ficción, John Q. representa a uno de los 50 millones de norteamericanos que carecen de cobertura médica. Como Estados Unidos no contempla un sistema nacional gratuito y universal al igual que Canadá, Inglaterra, Francia o Cuba (por ejemplo), se mantiene en un sistema médico de libre mercado impuesto desde la época de Richard Nixon, que desde entonces ha facilitado ganancias millonarias a las aseguradoras, mientras miles de habitantes mueren cada año.

Un negocio perverso

El documental Sicko (2007), de Michael Moore, reveló que las empresas de medicina prepaga y los laboratorios contratan personal para investigar las solicitudes de afiliación, rechazando a los pacientes que ya hayan tenido ciertas enfermedades complicadas, con el solo fin de abaratar costos. Es decir: si usted ya se enfermó, no se moleste en buscar una cobertura.

James Kears, guionista de John Q, se inspiró en un artículo periodístico que informaba sobre un afortunado trasplante cardiovascular que se le había realizado a un empresario: “Si yo no fuera rico, ahora estaría muerto", afirmó el millonario. En aquel momento Kears pensó en sus hijos y en aquello que todo hombre estaría dispuesto a hacer si su hijo se estuviera muriendo y se le negara tratamiento médico.

Nada de esto hubiera pasado si John fuese un maldito millonario o si se apellidaba Rockefeller, pero a veces no se entiende que lo sagrado en este país no son los valores, lo que importa es lo que tienes”, dice en la película Jimmy Palumpo, amigo de John Q.

Aunque películas como John Q, Visto para Sentencia o estupendos documentales como Sicko explican el gran negocio de las millonarias aseguradoras, la reforma del Health Care que pretende establecer el presidente Barak Obama todavía esta lejos de encontrar consenso.

La oposición viene de la mano de los "Cuellos Rojos" (Red Necks) y los "Buenos Muchachos" (Good ol’boys) de las zonas sureñas de EEUU; políticos que defienden el American way of life, t niegan rotundamente un estado interventor porque iría en contra de la libre competencia y de la pluralidad de seguros médicos. Los ultraconservadores hablan de que cada ciudadano decide cuidarse por si solo: lo que dice, gente solidaria.


John Q. (EEUU, 2002)
Dirección: Nick Cassavetes
Guión: James Kearns
Con Denzel Washington (John Q. Archibald), Robert Duvall (Grimes), James Woods (Dr. Turner), Anne Heche
Editado en dvd.



Sicko (EEUU, 2007)
Dirección: Michael Moore
Film documental
Editado en dvd.

domingo, 4 de octubre de 2009

Ojos saltones - Cuando es peor el remedio...

La película El jardinero fiel revela el entramado de corrupción que se esconde tras la fachada de exitosas compañías farmacéuticas. Cualquier semejanza con la realidad puede no ser mera coincidencia.

Por Rocío Sánchez


Semanas atrás estalló ante nuestras narices el tema de “la mafia de los medicamentos”. De un momento para otro se destapó la olla y el aroma que comenzó a sentirse no fue para nada agradable. Allanamientos, irregularidades en el manejo de subsidios, productos oncológicos adulterados y posibles conexiones con el poder político fueron algunos de los detalles más trascendentes que se ventilaron en los medios de comunicación durante varios días. Aunque hoy la agenda mediática ya no parece ocuparse del tema, la gravedad del asunto requiere una reflexión más profunda.

Más allá de la impunidad con la que estos empresarios-mercenarios actuaron para llenarse los bolsillos sin que importase el costo, está claro que es casi imposible que la situación haya llegado a tal punto sin la connivencia de ciertos funcionarios que permitieron que esta maquinaria ilegal y asesina permaneciera aceitada y oculta.

Comerciando con la necesidad

Las corporaciones farmacéuticas negocian a nivel mundial con la necesidad de los más desprotegidos, reciben a cambio dividendos millonarios y, en algunos casos, terminan quedando como generosos benefactores de la humanidad. Esta es la tesis central de “El jardinero fiel”, film del brasilero Fernando Meirelles (el mismo de “Ciudad de Dios”), basada en la novela “The constant Gardener”, publicada por el británico John le Carré en el 2000.

La trama desnuda tremendos hechos de corrupción en donde, además de los gigantes farmacéuticos, se ven involucrados importantes miembros del gobierno de varios países. El título hace alusión a Justin Quaile (Fiennes), un diplomático británico o, más precisamente, “representante para la eficacia de la ayuda” que se desempeña en Nairobi. Él es fiel a un modelo, al protocolo, nunca se sale de sus casillas… hasta que la injusticia lo toca de cerca, cuando ya es demasiado tarde. Rachel Weiss interpreta a su esposa, Tessa, una mujer tenaz, decidida, capaz de luchar hasta las últimas consecuencias.

Al diplomático se lo muestra impasible, imperturbable, haciendo oídos sordos frente a lo que pasa a su alrededor. O no se da cuenta o no quiere hacerlo. ¿Y acaso los Estados no actúan de igual manera ante estos hechos atroces hasta que, por una situación inesperada, salen a la luz? Por su parte, Tessa arriesga su vida para desmantelar esta red de engaños, estafa y muerte.

Sin más remedio

“El mundo es nuestra clínica”, reza el spot publicitario de una compañía farmacéutica que, frente a una posible epidemia de tuberculosis a nivel mundial, realiza pruebas preliminares del futuro medicamento salvador en África. El problema es que la empresa en cuestión no ha dado aún con la fórmula correcta y los pacientes tratados se curan de la enfermedad pero terminan muriendo por consecuencias adversas de la droga suministrada.

Seres humanos considerados prescindibles ayudan a levantar un fantástico negocio: es más económico “arreglar” las pruebas y excluir a los pacientes que padecen los efectos secundarios. Volver al laboratorio para seguir desarrollando el medicamento ideal costaría tiempo y millones de dólares, y otorgaría ventaja a otras corporaciones para desarrollar otros productos más eficaces. Hasta este punto llega el cinismo de las multinacionales señaladas eficazmente en la película, y de los funcionarios que permiten que estos empresarios abulten los bolsillos a cambio de ciertas retribuciones.

Y es que no es una cuestión de vida o muerte para ellos (muerte que ayudan a expandir como reguero de pólvora), sino de poder y dinero, o de la pérdida de ambos.



El jardinero fiel (Reino Unido/Alemania, 2005)
Título original: The constant gardener
Dirección: Fernando Meirelles
Guión: Jeffrey Caine, a partir de la novela de John Le Carré.
Con Ralph Fiennes, Rachel Weisz, Danny Huston, Bill Nighy, Pete Postlethwaite.
Editado en dvd.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Interpretar la propia muerte: el reality fuera de control

Dirigida por Bill Guttentag, La muerte en vivo es un film desparejo pero también implacable, donde la ambición por ser famoso y obtener un premio millonario puede llegar al extremo de poner la propia vida en juego.

Por María Luisa Campuzano

La muerte en vivo refleja la ambición por parte de los participantes que se exponen a la posibilidad de morir frente a las cámaras, jugando a la ruleta rusa. El premio equivale a 5 millones de dólares. Lo más interesante del film es cómo describe la falta de escrúpulos de la productora Katy (Eva Mendes), a quien no le importa ni la vida ni la muerte, sino poder recuperar la audiencia para el canal de televisión en el que trabaja.

El formato de reality show, en la actualidad se ha instaurado en la pantalla chica de todos los hogares con sus diferentes matices, ya sean de supervivencia al aire libre, convivencia en una casa con personas desconocidas o la búsqueda del estrellato por parte de aspirantes a la canción. Sin embargo, aun no se ha llegado al límite de poner en escena una muerte en vivo.

Lo que sí trascendió fue el caso de Jade Goody, una joven inglesa que se hizo famosa en el Gran Hermano y luego fue diagnosticada con un cáncer. Decidió demostrar su agonía y vender la exposición de sus últimos días de vida públicamente con el objetivo de “generar conciencia”.

En otros realitys se ha jugado con el peligro físico, como en los de supervivencia, con consecuencias trágicas como el caso del participante pakistaní Saad Khan. La prueba era cruzar a nado un lago con una mochila de siete kilos. En la mitad del trayecto, Khan comenzó a gritar hasta desaparecer en las aguas sin que nadie lo rescatara. Y no es la primera vez que sucede. Otro joven también murió ahogado en la versión de “Superviviente” que se desarrollaba en Nigeria y se emitía para España.

El suicido no es una cuestión ajena a esta clase de ciclos. En 2005 un boxeador de 23 años, Najai Turpin, que había sido elegido para participar en 'The Contender', un reality dedicado al mundo del boxeo que la cadena NBC. El muchacho se mató de un disparo tres semanas antes del inicio del programa. En 2007 con Cheryl Kosewicz, una joven de 35 años que fue parte de “Pirate Master” y poco tiempo después de su salida del programa fue encontrada en su departamento sin vida. Aunque es difícil culpar a los realitys por estas tragedias, es inevitable pensar que las presiones mediáticas tuvieron su influencia.

Uno puede cuestionarle ciertas debilidades en la construcción del verosímil, pero lo cierto es que la La muerte en vivo es implacable. Porque no sólo desnuda la miseria de esta clase de productos y de las personas que se prestan al circo: también denuncia lo que como espectadores estamos dispuestos a ver, a cualquier precio, sin contemplar las consecuencias.



La muerte en vivo (EE.UU, 2007)
Título original: Live!
Dirección y guión: Bill Gutentag
Con Eva Mendes, David Krumholtz, Rob Broron, Eric Lively y otros.
Editado en dvd.

sábado, 26 de septiembre de 2009

La felicidad del country, tan sólo una fachada


El nuevo film de Marcelo Piñeyro, Las viudas de los jueves, se interna en un barrio privada para delatar la hipocresía que reina entre sus habitantes. La película está basada en el best-seller de Claudia Piñeiro.

Por Daniela Ruiz Díaz

El primer country de Sudamérica fue construido en Buenos Aires en 1930: “El Tortugas Country Club”. Pretendía ser era simplemente un lugar de esparcimiento para la familia, con las condiciones adecuadas para los amantes de deportes como el polo o el tenis. En los 80 el fenómeno se expandió y en la década siguiente estos sitios pasaron a ser considerados como una alternativa residencial, una opción que la clase media en ascenso veía como la mejor elección para resguardar a su familia.

Los tiempos turbulentos de la economía nacional de 2001 dejaron sus secuelas en esos sitios que fueron abandonados por muchos de sus moradores. Simultáneamente, otros llegaban para asentarse definitivamente allí: hasta entonces, para este grupo de personas el country solo representaba una recreación de fin de semana, pero a partir de la crisis debieron mudarse al verse despojados de sus viviendas de las urbes de la Capital Federal.

Las viudas de los jueves, la nueva película de Marcelo Piñeyro, aunque no es demasiado atractiva, busca plasmar los sentimientos de quienes parecen vivir en un mundo aparte, en el contexto donde el bienestar tiembla y las apariencias tambalean al ritmo que el del propio país.

“La época en que trascurre la acción es el lejano periodo en que la enorme clase media de los Estados Unidos se matriculaba en una escuela para ciegos”. Esta cita de Tennesee Williams –tomada de su obra teatral El Zoo de Cristal- funciona como epígrafe de la novela de Claudia Piñeiro, el betseller que el director de Cenizas del paraíso se encargó de llevar a la pantalla grande. El film intenta retratar lo que la novela describe como la propagación de los countries durante los años del menemismo, y cómo este fenómeno social detiene su curso y se desmorona en un momento particular de la historia argentina.

La avaricia y la impostación son dos constantes en la trama. El film deja al descubierto el absurdo de creer que la abundancia y los adornos son sinónimos de felicidad. Los protagonistas son amantes de la vida ostentosa y están dispuestos a mantenerla a cualquier precio. Pero el bienestar es sólo la cáscara de una realidad ilusoria, inexistente. Apariencias, nada más.

Los countries equivalen a burbujas aislantes, que evitan contaminarse con el afuera, ese universo tan distinto, tan antagónico al suyo, pero que está ahí, a sólo unos metros. Dos realidades tan juntas pero muy separadas por la miopía de los acaudalados yuppies. Un matrimonio perfecto a los ojos de los demás es el de Tano y Teresa, encarnados por Pablo Echarri y Ana Celentano. Estereotipos ideales. Él, exitoso, seductor, buen jugador de tenis; ella, elegante, buena anfitriona, una “mujer feliz”, según la opinión de los otros. Sólo el espectador verá la realidad que la pareja esconde.

El mundo real que pretenden ignorar asalta sus vidas en diciembre de 2001. Las sombras de la inestabilidad presagian el derrumbamiento del estilo de vida pudiente. Desesperación. Vergüenza. Hay que mantener la fachada como sea. Aunque eso implique la propia desaparición.




Las viudas de los jueves (Argentina/España, 2009)

Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras, a partir de la novela de Claudia Piñeiro
Con Pablo Echarri, Ana Celentano, Gabriela Toscano, Leonardo Sbaraglia, Ernesto Alterio, Juana Viale.
Estreno en salas: 10 de septiembre

jueves, 24 de septiembre de 2009

Para orientar las antenas: Capusotto en radio

El humorista tiene desde mayo un programa de radio en Rock&Pop junto a su cómplice, Pedro Saborido. Una vez más, el dúo deleita con su “deformación” de la realidad y ofrece una mirada crítica de los medios de comunicación.

Por Juan Britos

De nuevo lo lograron. En otro formato, diferentes tiempos pero con el mismo espíritu crítico. Con las ropas del humor que hace pensar, construyeron una parodia sobre la industria de la parálisis social. Eso es lo que propone el programa producido por la irreverencia del binomio Capusotto- Saborido. Nada más que esta vez habrá que escucharlos.

Lucy en el Cielo con Capusottos es el título del ciclo, que comenzó el pasado 2 de mayo en Rock&Pop (FM 95.9). El envío, que sale sábados y domingos, de 20 a 21 horas, tendrá una duración de cuatro meses y no va en vivo, sino que se graba durante la semana. “Es algo un poco más encriptado en la ficción, con personajes inventados por nosotros. Es un programa más de ficción, cuentos y sketches”, contó el ex integrante de Cha Cha Cha y Todo por dos pesos sobre el formato de la nueva criatura. La música está a cargo de Marcelo Iconomidi, alias “El Griego”, el melómano fanático de Racing, que también musicaliza Capusotto y sus videos.

Entre las diversas secciones del programa se destaca “¿Hasta cuándo?”, que cuenta con la conducción de Arnaldo Perez Manija (en la voz de Capusotto). Este tramo de la obra es un simulacro artístico sobre la realidad de los medios y los miedos. Una representación aguda del papel que ocupan los periodistas en la construcción de mensajes que circulan en la sociedad actual.

El poder de la risa

El ejercicio propuesto es la reflexión. Observar que papel juegan los oyentes, estereotipados de manera simple, pero efectiva. Una invitación a quitar de la mente, el polvo del confort de la apariencia, la hipocresía y la indiferencia.

“Información que a usted no le sirve para nada y, de a poco, le va taladrando la cabeza”, reza el slogan del micro. El bombardeo de mensajes alarmantes, que se suceden, unos tras otros, bajo la máscara del agobio de vivir en un país en donde los “los políticos son todos corruptos, los maestros hacen paro y hay que mantener a miles de vagos que viven del Estado”, como aporta la persona que llama para decir lo suyo, imitando al oyente típico de cualquier transmisión actual de radio.

Lo que el programa satiriza y revela es cómo una trampa social, que transforma al ciudadano en un ser neurótico, es la norma de trabajo que impera en aquellas mentes a cargo de producir, y colocar en escena, mensajes periodísticos. Quizá puedan hallarse vestigios del oficio de construir falsa ideología, empresa de una derecha oportunista, que lucra con el poder de la no información. Esta tarea, magistralmente realizada durante años por personajes como Daniel Haddad, Mariano Grondona, Bernardo Neudstad, y toda la camada de obsecuentes rentados que repiten la fórmula de este nefasto paradigma, aquí es explícita. Ese es un logro de la apuesta del dúo, a esta altura ya no tan cómico. Merece el reconocimiento.

Eduardo Galeano dice que "el humor tiene la capacidad de devolverte la certeza de que la vida vale la pena. Y uno se salva, a veces, por el chiste, por el mágico sonido de la risa, que puede no ser tu risa. Creo que eso es lo que me ha salvado a mí, y que tiene su expresión perfecta en el consejo que una vez me dió un amigo brasileño, que me dijo que no me tomara en serio nada que no me hiciera reír." Ojalá que Capusotto nos salve a nosotros, los que lo tomamos en serio.